Joaquín Triandafilide entrega herramientas para favorecer el desarrollo cognitivo yemocional de niños y niñas durante las vacaciones


Las vacaciones de verano representan una oportunidad clave para el desarrollo integral de
niños y niñas. Lejos de ser un tiempo “perdido” en términos de aprendizaje, este período permite que el cerebro descanse, procese lo vivido durante el año escolar y continúe
creciendo de manera natural a través del juego, el movimiento y los vínculos familiares.
Así lo explica Joaquín Triandafilide, presidente de la Asociación Chilena de Neuroaprendizaje, quien destaca que “el cerebro infantil aprende incluso cuando no hay clases formales. El juego libre, la exploración, la risa y los espacios de descanso fortalecen las conexiones neuronales sin presión ni exigencia académica”.
El descanso: un pilar del aprendizaje
Dormir bien y contar con momentos de calma permite que el cerebro clasifique, organice y
consolide lo aprendido. Un niño descansado mejora su atención, regula mejor sus
emociones y se muestra más disponible para aprender. Además, los tiempos de relax
favorecen conversaciones profundas en familia, donde se pueden expresar emociones,
reflexionar sobre lo vivido y anticipar los desafíos del nuevo año escolar.
Durante las vacaciones, los adultos cumplen un rol fundamental como reguladores del
entorno emocional. Un ambiente con afecto, escucha y rutinas flexibles entrega seguridad y
fortalece la autoestima infantil. “Entre los 0 y los 7 años se establecen patrones relacionales
que influyen en toda la vida, por lo que la presencia consciente de los adultos es esencial”,
señala Triandafilide.
Leer juntos, contar historias, cocinar, caminar, observar la naturaleza o crear juegos son
actividades simples que despiertan la curiosidad y estimulan funciones como la memoria, la
atención y la creatividad. Cuando estas experiencias se construyen en conjunto, también
fomentan la autonomía, una habilidad clave para el futuro.
Actividades que estimulan sin obligar
El dibujo, la música, los juegos de mesa, la construcción con materiales simples y los
juegos simbólicos permiten que todos los niños participen, respetando sus distintos ritmos y
personalidades. “Lo importante es que todos se sientan parte, aceptados y valorados”,
enfatiza el especialista.
El arte y la música favorecen la expresión emocional y la imaginación; la lectura fortalece
el lenguaje y la comprensión del mundo; y el deporte ayuda a regular emociones, liberar
energía y construir hábitos saludables. Todas estas actividades estimulan distintas áreas del
cerebro y promueven un bienestar integral.
Uso consciente de pantallas

Desde la neuroeducación, se recomienda regular el tiempo frente a pantallas, establecer
horarios claros y acompañar los contenidos. “La tecnología puede ser una herramienta
positiva si no reemplaza el juego libre, el movimiento y la interacción social”, explica
Triandafilide. Idealmente, algunas actividades digitales pueden transformarse en instancias
familiares compartidas.
Cambios bruscos en horarios de sueño o alimentación pueden alterar el sistema nervioso
infantil, generando irritabilidad y ansiedad. Mantener rutinas flexibles pero claras entrega
seguridad y ayuda a la autorregulación, especialmente cuidando las horas de sueño
nocturno.
“Las vacaciones no son solo un descanso del colegio, son una inversión en salud mental,
desarrollo cerebral y vínculos familiares”, concluye Joaquín Triandafilide, presidente de la
Asociación Chilena de Neuroaprendizaje.



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